Cuaderno de patio
Rayuela, escondida, soga y carreras de agua con lo que ya hay en casa
Hay un momento, cerca de las cuatro de la tarde, en que el ventilador ya no alcanza y los chicos empiezan a dar vueltas por la casa como si el living les quedara chico. Ese es el punto exacto en el que conviene salir al patio. No hace falta planear una actividad complicada ni comprar nada nuevo: los juegos de barrio que aprendimos de chicos siguen funcionando, se explican en dos minutos y aguantan grupos de edades mezcladas sin que nadie quede afuera.
La rayuela es la más fácil de arrancar. Con una tiza se dibujan los cuadrados en el piso de cemento, y si el patio es de tierra se puede marcar con una rama o con piedritas. Sirve desde los 4 años, aunque los más chiquitos de 3 suelen tirar la piedra y saltar igual sin respetar el orden, y está bien. Con dos nenes ya se juega; con cinco se arma una fila y el turno se vuelve parte del juego. Lo único que conviene tener a mano es la tiza y una piedra plana que no ruede.
La escondida necesita un conteo cantado que todos conozcan. En Asunción se canta hasta veinte y en Montevideo muchas familias cuentan hasta diez y agregan "el que no se escondió se embromó". Conviene acordar antes los límites: hasta dónde se puede correr, qué piezas de la casa quedan afuera, si el portón está cerrado. Con nenes de 5 a 9 años funciona mejor que con los más chicos, que se esconden en el mismo lugar todas las veces y se ríen igual. Un adulto cerca, sentado en una silla con un vaso de agua, alcanza para cuidar sin interrumpir.
Saltar la soga es el juego que más rápido sube el ánimo y también el que más rápido lo baja si alguien no logra entrar. La variante más justa es la soga larga sostenida por dos personas que la giran despacio, y cada nene entra cuando quiere, sin eliminación. Con soga corta, de las de un solo saltador, se puede jugar desde los 6 años y sirve para ratos de uno o dos chicos. Si no hay soga en casa, un pedazo de cuerda gruesa o una tira de tela anudada cumple la misma función.
Las carreras de agua son para los días de calor fuerte y para patios que se puedan mojar. Se arman dos baldes, dos recipientes pequeños y una meta marcada con dos sillas. Cada equipo llena su recipiente en el balde y corre hasta la meta sin derramar. No hay ganador importante: lo que engancha es el apuro y el charco que se forma. Conviene avisar a los vecinos si el agua va a correr hacia la vereda, y tener toallas cerca para no entrar mojados a la casa.
Cuando el grupo es chico o el ánimo está bajo, hay variantes tranquilas. La rayuela se puede jugar con una sola persona que se pone desafíos: saltar en un pie, volver con los ojos cerrados, tirar la piedra cada vez más lejos. La escondida se convierte en "veo veo" desde una reposera. Y la soga se puede usar para saltar contando hasta cien entre todos, sin apuro, como una forma de cerrar la tarde antes de la merienda.
Lo que sostiene estos juegos no es el material ni la cantidad de chicos: es que un adulto acepte quedarse cerca, sin dirigir, y deje que las reglas se acomoden solas. Si querés más ideas para completar la tarde, en el blog hay cuentos, manualidades y rutinas pensadas para las distintas horas del día, y si te interesa sumar tu propio juego de patio, podés escribirnos desde contacto y lo publicamos con tu nombre.
Maestra de nivel inicial con doce años en escuelas de Asunción. Es la que decide qué juego de patio entra a la nota y cuál queda afuera porque necesita demasiado espacio o demasiados chicos. Lleva un cuaderno donde anota cuánto duró realmente cada actividad en el grupo de su hijo de 6 años, y ese dato es el que publicamos.
Padre de dos nenes de 4 y 8 años en Montevideo. Se encarga de armar las variantes tranquilas: qué hacer cuando al grupo de la rayuela se suman dos hermanos chicos, o cuando el ánimo está bajo y nadie quiere correr. También revisa que cada lista de materiales se consiga en cualquier casa sin salir a comprar.
Educador y tallerista de títeres de papel. Mantiene actualizada la agenda de talleres barriales, ferias de libros infantiles y clubes de lectura en Paraguay y Uruguay. Habla con las bibliotecas antes de publicar un encuentro, confirma la edad sugerida y pregunta si hace falta llevar plasticola, retazos de tela o revistas viejas.
Educadora de nivel inicial y coautora de Childrone
Trabajo en jardines de infantes de Asunción desde hace doce años y en casa tengo dos nenes que ya pasaron por casi todos los juegos de patio que probamos en esta nota. La rayuela con tiza y la escondida con conteo cantado las vi funcionar en grupos de edades mezcladas, con nenes de 4 y de 8 jugando juntos sin que nadie quede afuera. Lo que anotamos acá salió de tardes reales de verano: qué materiales conviene dejar a mano antes de que empiece el calor, cuánto aguanta el ánimo del grupo y cómo bajar la intensidad cuando el patio se pone pesado. Si probás alguna variante y te sale distinto, escribinos y la sumamos.
Rayuela, escondida, soga y carreras de agua con lo que ya hay en casa. Cuatro juegos de barrio que se sostienen solos, con la edad sugerida, cuántos nenes hacen falta y qué conviene tener a mano antes de salir al patio.
Estas notas son para que nadie se quede con dudas raras cuando propone un juego y el grupo no engancha. Van las definiciones que usamos en la bitácora, los límites de cada propuesta y las condiciones que conviene chequear antes de salir al patio con los chicos.
Cuando escribimos "sin pantallas" nos referimos a juegos que se sostienen con el cuerpo, la voz y objetos simples: tiza, soga, baldes, pelotas viejas. No hace falta que el nene esté corriendo todo el tiempo. Una ronda de escondida con conteo cantado, una rayuela dibujada en el piso de cemento o una posta con agua cuentan igual, aunque el ritmo sea lento. Lo que queda afuera son las consolas, los celulares y los videos, incluso si se usan como "pausa" entre rondas.
Anotamos edades porque ayuda a armar grupos, pero un nene de 4 años puede jugar a la rayuela con uno de 8 si el más grande acepta tirar la piedra más suave. En la escondida, los más chicos suelen necesitar que el conteo se cante fuerte y lento. Con la soga, hasta los 6 conviene que un adulto gire y marque el ritmo. Si en el grupo hay edades muy mezcladas, la posta con baldes es la que mejor aguanta: cada uno corre a su manera y nadie queda afuera.
Todas las propuestas de esta nota se arman con lo que suele estar en un patio o en un cajón de la cocina. Tiza de colores o un pedazo de carbón para marcar el piso. Una soga de tender ropa si no hay soga de saltar. Dos baldes o bidones de agua por equipo para la posta. Una pelota gastada para las variantes tranquilas. Si falta algo, lo decimos en la nota y proponemos un reemplazo, pero no pedimos comprar nada nuevo.
Los tiempos que anotamos son reales, no ideales. La rayuela se sostiene entre 20 y 30 minutos si hay dos o tres nenes y alguien marca los turnos. La escondida aguanta más, pero se corta cuando el conteo se vuelve trampa. La soga cansa rápido: 15 minutos y conviene cambiar. La posta con agua es la más larga, entre 30 y 40 minutos, y casi siempre termina con todos mojados. Si el grupo es de dos nenes, mejor elegir rayuela o variantes tranquilas antes que armar equipos forzados.
No todos los días el patio se llena de energía. Cuando el grupo está cansado o el sol pega fuerte, proponemos variantes tranquilas: rayuela con puntaje dibujado en un papel, escondida de objetos en lugar de personas, o una ronda de soga solo para pisarla y saltar despacio. También vale jugar a la sombra, con agua para tomar a mano y sin exigir que todos participen. Nadie está obligado a correr para que la tarde cuente como juego.
Antes de empezar, revisamos que el piso no tenga vidrios, piedras grandes ni pozos. La posta con agua se hace lejos de escaleras y de enchufes. La soga se gira con espacio libre alrededor, sin nenes parados cerca del que salta. Si hay un chico con alguna dificultad motriz, adaptamos la rayuela con cuadros más anchos o cambiamos el salto por caminar pisando las marcas. Estas condiciones no son para asustar: son para que el juego dure toda la tarde sin sustos.